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Alixo, parroquia de O Barco arrasada casi al completo: “Cogí la manguera del vecino, ya no me importaba nada”

Vecinos que tuvieron que desalojar el pueblo muestran “dolor, rabia e impotencia” por dejar todo atrás: “Lo primero es la gente”

O BARCO DE VALDEORRAS (OURENSE), 19 (EUROPA PRESS)

Una quincena de casas, la mayoría segundas residencias, de la parroquia de Alixo, en O Barco de Valdeorras (Ourense), fueron arrasadas por un incendio forestal del que los vecinos todavía no se explican la rapidez con la que se propagó por la comarca, hasta calcinar miles de hectáreas.

Horas antes de la visita del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, a esta pequeña localidad valdeorrana, algunos de los habitantes que ya pudieron regresar a estas viviendas contemplan incrédulos el paisaje que tienen delante.

Y es que tampoco entienden cómo, mientras que algunas fincas y construcciones sí logran seguir en pie pese al fuego, otras que están a cinco metros de las supervivientes sí se vieron reducidas a cenizas. En algunos casos, no sería porque sus propietarios no intentaron contener las llamas con los “pocos” recursos que tenían a mano.

Este es el caso de Leandro Fernandes, quien, junto con su padre, el domingo se negaba a dejar las dos viviendas que tiene su familia en Alixo para tratar de salvar lo que pudiesen. “Cuando llegué, estaba mi casa rodeada de fuego. Cogí la manguera del vecino, ya no me importaba nada”, relata a Europa Press.

Aún en el mediodía de este martes, un bombero enfriaba los pequeños focos que todavía hacían salir humo de las paredes de una de sus casas, totalmente arrasada. “El fuego era imparable”, asegura Leandro. Sin embargo, su familia sí mantiene intacto el domicilio donde viven a diario: “La salvamos porque se quedó mi padre con un par de huevos”.

Este joven explica cómo se vivió la jornada del domingo, con Alixo convertido en un polvorín debido a la presencia no solo de bombonas de butano en los alpendres alcanzados por las llamas, sino también por maquinaria y electrodomésticos como televisores que explotaban al ser consumidos por el fuego. También los tejados se llevaron la peor parte, muchos de ellos colapsados al estar sujetos por estructuras de madera.

Ahora, a pesar de cómo quedó la parroquia tras el paso del incendio, Leandro Fernandes reconoce estar “feliz de poder haber ayudado” a la gente de su aldea y de otras colindantes: “Fui a Vilariño y me quemé entero”.

“MIEDO, RABIA E IMPOTENCIA”

Ermitas Álvarez, otra vecina oriunda de Alixo, confiesa todavía sentir “miedo, rabia e impotencia” por la incapacidad de los vecinos de parar las llamas que consumieron casas, alpendres e, incluso, el campanario de una iglesia cuya estructura, por suerte, todavía se mantiene en pie.

El domingo estaban comiendo cuando tuvieron que abandonar su vivienda, que afortunadamente sí se salvó: “Salimos de comer y vemos que hay un humo muy grande y un aire… Y empezamos con un calor muy fuerte y no se podía respirar. Y empezaba a caer una pequeña ceniza. Empezamos a mirar por el horizonte y vemos que empezaba a venir un poco de fuego”.

A pesar de que habitantes de zonas cercanas –Candedo y Vilariño– les habían comentado que el incendio estaba ya “controlado”, en ese momento la montaña estaba “ya rodeada de fuego y con unas llamas altísimas”, por lo que decidieron llamar a los medios de emergencias.

“TE AHOGABAS”

Las autoridades que llegaron al rato les instaron a desalojar la aldea, pero tanto Ermitas como otros vecinos insistieron –aunque sin éxito– quedarse a ayudar. Muchos de ellos, para evitar inhalar mucho humo, se pusieron una mascarilla: “Es que te ahogabas”.

“Nos dicen ‘os tenéis que ir del pueblo pero ya'”, relata esta vecina, que recuerda cómo sintió “rabia, impotencia, miedo” por “no saber qué hacer”. Finalmente, la mayoría accedió a desplazarse hasta segundas residencias o casas de familiares y amigos. “Lo primero es la gente”.

Uno de los peores sentimientos, según reconocen los pocos lugareños que ya pudieron regresar este lunes, surge al ver cómo se queda tu parroquia de origen: “Toda una vida aquí, la casa de tus padres, yo tengo a mis suegros, la casa de mis abuelos, que es una de las primeras que se estaba quemando…”.

Son unos días “muy duros” en los que Alixo, situada en una pendiente desde la que se visualiza el centro urbano de O Barco, está ya convertida en una de las parroquias símbolo de unos incendios que, en toda Galicia y en menos de una semana, llevan arrasadas unas 20.000 hectáreas.


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